
Ayer perdí lo útimo que me quedaba de ti. Maldije mi descuido y lloré por tu desintegración; sí, lloré de nuevo aunque la gente a mi alrededor empiece a artarse. Si tan solo pudieras sentarte a llorar conmigo, que me escucharas y me vieras a lo ojos y, no importa si fingiendo, actues como si entendieras mis ganas de borrar los sentimiento que ahora viven en mi cuerpo, si esto sucediera estoy segura de que las ganas de llorar ya no serían tan intensas.
EScucho tu invitación a acompañarte, PERO TENGO QUE DEJAR DE DECIR PENDEJADAS